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La Atunara no nació como un barrio. Sus orígenes se remontan, posiblemente, a los fenicios o romanos. Los primeros escritos que existen de este conocido barrio linense datan de unos 640 años antes que naciera la propia ciudad, concretamente hablan de moros y la muerte de Alfonos XI.

Y aquí nos encontramos con un dato curioso. A los ciudadanos de La Línea de la Concepción se les llama cariñosamente “piojosos”. Este apodo, muy probablemente, tenga relación con el hecho de que el citado monarca muriera de peste cerca de Gibraltar, transmitida ésta por y a través de los piojos.

Chozas

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Por otro lado, los libros de historias mencionan este lugar cuando la zona pertenecía al reino meriní de Granada. La influencia musulmán en la pesca ha quedado patente en el uso de almadrabas en la zona.

Tomando este punto de la historia como referencia y dado la crudeza del clima cuando azota el viento de levante, se supone que las primeras casas en la Atunara fueron chozas o estructuras similares, posiblemente durante bastante tiempo.

Los primeros carpinteros de ribera llegaron conforme creció la necesidad de reparar las maderas de las embarcaciones. Éstos contribuirían necesariamente con sus conocimientos en reparar y mejorar las viviendas y estructuras de madera.

Los peces voladores

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Posteriormente, junto a estos hogares, comenzaron a crearse los primeros edificios de mampostería al llegar los constructores de la Línea de Contravalación de Gibraltar.

Estas dos clases de viviendas, madera y mampostería, coexistieron hasta bien avanzado el siglo XX.  Las diferencias entre tener una casa de mampostería o de madera denotaba quienes pertenecían o no a las clases más pudientes, estando casi todas sin legalizar y sin papeles de escrituras hasta hace pocas décadas.

A partir de la década de los 60, esto dejo de ser así, el cemento fue imponiéndose y la barracas de madera fueron desapareciendo paulatinamente.

Uno de los aspectos más importante a destacar de este barrio linense es  la pesca y venta para su consumo de los peces voladores en la época del verano, un auténtico manjar que se viene elaborando de la misma forma artesanal desde la era romana.